Castilla y León vivirá un verano cálido, con un grado más que la media, tras la primavera más seca desde que hay registros

Los valores seguirán en ascenso en los próximos días, hasta superar los 36 grados el sábado y domingo, y la Aemet puede declarar la primera ola de calor la próxima semana

Castilla y León vivirá un trimestre cálido entre junio y septiembre, con temperaturas de entre medio y un grado por encima de la media para estas fechas, con probabilidad de precipitaciones también superior al valor de referencia en la práctica totalidad de la Comunidad, salvo en el tercio norte donde aún no hay una tendencia “definida”. Por lo tanto, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé un verano con calor, después de haberse registrado una primavera “extremadamente cálida y seca”, hasta el punto que ha sido la más calurosa desde que hay registros.

La pasada primavera registró la temperatura media más elevada desde 1900, debido principalmente al mes de abril, que registró el valor térmico medio más elevado desde el inicio del siglo pasado e igualó el récord histórico de 1945. En concreto, según la información recogida por la Agencia Ical, la temperatura media se situó en los 12 grados, dos más de lo habitual en esa estación, mientras que el valor máximo se disparó hasta los 18,7 grados, 2,5 más que la media histórica. En cuanto a las precipitaciones, se ha producido un déficit aproximado del 17 por ciento respecto al periodo de referencia, con un marzo y mayo “normales” y abril, seco.

 

Miriam Chacón / ICAL . El delegado territorial de Aemet en Castilla y León, Manuel Mora, y el subdelegado del Gobierno en Valladolid, Jacinto Canales, ofrecen un resumen climático de la primavera y la predicción estacional para el verano.

 

A corto plazo, la previsión de la Aemet en la Comunidad es que las temperaturas sigan en ascenso, hasta superar los 36 grados el sábado y domingo. Además, es posible que la próxima semana se declare la primera ola de calor.

El delegado territorial de Aemet en Castilla y León, Manuel Mora, aseguró hoy que la temperatura media registrada durante la primavera de 2026 corresponde a un periodo “extremadamente cálido” en gran parte de la Comunidad y “muy cálido” en su extremo noroeste, la mitad este de Soria y en diversas áreas de la franja meridional. Algo que se tradujo en que los días de heladas en la primavera pasada fueron once frente a los 20 registrados entre 1991 y 2020; las ocho jornadas con una temperatura máxima igual o superior a 25 grados frente a las siete de la media reciente y los seis días de valores máximos igual o superior a 30 grados frente a los dos del año anterior y uno de promedio para el periodo de referencia.

Según los datos consultados por Ical, las temperaturas medias en primavera en los observatorios principales y las capitales de provincia de la Comunidad oscilaron entre 2,5 grados por encima de la media de 1991 a 2020 en León y los 2,4 en Valladolid y los 1,6 más en Salamanca y los 1,9 más en Burgos y Palencia. Entre medias, se situaron las diferencias en Ponferrada (dos grados más), Ávila (2,1), Segovia (2,2) y Soria y Zamora (2,3 grados más, en cada caso).

El valor máximo más alto registrado en Castilla y León correspondió a Miranda de Ebro (Burgos) el 27 de mayo, cuando el termómetro alcanzó los 38,1 grados, que fue la efeméride mensual, mientras que la mínima tuvo lugar en la estación de esquí La Covatilla (Salamanca) el 29 de marzo, con 6,2 negativos.

El balance general de precipitaciones en primavera fue seco en el noroeste y en amplias áreas de la mitad sur aunque se agravó a muy seco en el extremo noroccidental. En contraste, el norte de Burgos, el centro de la región y el este de Soria mostraron un comportamiento húmedo. El valor medio de las precipitaciones se situó en 144 litros por metro cuadrado.

 

Superávit pluviométrico del 11%

El año hidrológico, que va de octubre 2025 a mayo de 2026, concluye en Castilla y León con un balance húmedo, con un superávit pluviométrico acumulado en torno al once por ciento respecto a su promedio. No en vano, Mora declaró que el invierno fue muy húmedo, que compensa la primavera seca.

El subdelegado del Gobierno en Valladolid, Jacinto Canales, subrayó que los datos que facilita la Aemet, con sus balances por estaciones, son “fundamentales” para comprender mejor la actual realidad climática. En este sentido, reiteró que la primavera pasada estuvo marcada por temperaturas elevadas y una “creciente” variabilidad meteorológica. “En un contexto en el que el cambio climático ya no puede entenderse como una amenaza futura sino como una realidad que tenemos presente, es necesario contar con una anticipación, planificación y coordinación entre las administraciones”, sentenció.

Canales recordó que el Gobierno de España lleva a cabo un refuerzo de sus políticas de adaptación al cambio climático a través del Plan Nacional de Adaptación, con medidas orientadas a proteger la salud pública, mejorar la gestión del agua, prevenir los riesgos asociados a fenómenos extremos y aumentar la resiliencia del territorio, con una capacidad para recuperarse de las anomalías climatológicas.

Por último, añadió que el balance hidrológico es importante para realizar una gestión “responsable y eficaz” del agua. “Las lluvias que hemos tenido durante esta primavera han supuesto un alivio en determinadas zonas pero no elimina la necesidad de seguir trabajando con prudencia, prevención y rigor, especialmente en un país donde los efectos del calentamiento global se manifiestan de forma cada vez más evidente”, expuso.

El delegado de la Aemet reconoció que es posible que el riesgo de incendios en la Comunidad sea “mayor”, después de una primavera seca y con la previsión de que haya más olas de calor, después de que 2022 fuera el verano más cálido y el pasado, el segundo, con unas anomalías superiores a dos grados. “Es una tendencia que se mantiene en los últimos años y serán normales las olas de calor, aunque sin poder precisar el número”, aseguró.

En este sentido, se enmarca el nuevo Índice de Peligro de Incendios Forestales (IPIF) puesto en marcha por la Aemet para detectar con más precisión el riesgo de incendios, ya que sustituye al modelo utilizado hasta ahora, que se basaba fundamentalmente en variables meteorológicas. Se trata de una herramienta que incorpora variables como el estado de la vegetación, la humedad del suelo, la estimación de la humedad del combustible y los usos del terreno para afinar la detección de situaciones de riesgo muy alto y extremo de incendios, además de tener una mayor resolución al situarse en un kilómetro.

Te puede interesar