Lanzarote y La Graciosa, las islas más orientales de Canarias, fueron conquistadas en el siglo XV por navegantes normandos al servicio de la Corona de Castilla. Tras exterminar a la población indígena, los colonos las repoblaron con esclavos de las cercanas costas del norte de África, junto a habitantes de la península. Unos y otros quedaron “atrapados, incomunicados y sometidos” a la voluntad de los conquistadores y sus descendientes.
Con esa premisa inicial, Helena Girón y Samuel Delgado miran atrás para conjugar una mirada antropológica más documental con la ficción, valiéndose de códigos como “la épica y el cine de aventuras”, en palabras de ella, con el objetivo de “cuestionar los relatos de poder” y “fundar un nuevo mito en torno al periodo originario de la repoblación de las islas más desérticas del archipiélago, para buscar nuevos referentes” con los que poder sentirse “más identificados”.
El relato se centra en la relación del marqués, un decadente terrateniente francés que rige La Graciosa interpretado por el veterano Lou Castel (los semanistas le recordarán en ‘La lapidación de Saint Étienne’), con su esclava Fátima (Luisa Ahl Laabiad). En su decrepitud, con una ceguera que ha caído sobre él como una condena, agota sus días emborrachándose y acaparando los escasos recursos naturales de la isla, mientras contempla con nostalgia la vecina isla de Lanzarote, cedida a su desagradecido hijo.
Sin apenas diálogos, poniendo el foco en la relación de los isleños con el mar, el viento y la tierra, los cineastas dibujan el relato de supervivencia de la mujer, embarazada, en su lucha contra los elementos. Las aguas del Atlántico y el imponente Risco de Famara la separan de su amado, de una vida más sencilla y un futuro más esperanzador, en este viaje sensorial a través del tiempo que hoy tuvo su estreno en la competición oficial de la 71 Semana Internacional de Cine de Valladolid.
En su encuentro con los medios, Delgado explicó la predilección de los cineastas por el trabajo de investigación histórica, a partir de diferentes fuentes, como actas notariales o relatos de conquista como ‘Le Canarien’, de Jean de Béthencourt, la primera crónica y diario de campaña que documenta la conquista de las Islas Canarias a principios del siglo XV.
Con ese punto de partida, han imaginado “un universo posible de convivencia en aquel tiempo, que ha sido sepultado por los grandes relatos de la conquista”. “El juego de intrahistorias nos fascina y nos permite generar nuevos referentes para habitar nuestro presente”, apuntó antes de subrayar que ellos hacen películas ambientadas en un pasado histórico “para pensar sobre nuestro presente y de alguna manera sobre nuestro futuro”.
La imagen de Fátima embarazada y abandonada a su suerte en medio del océano remite, según apuntó, a la ruta migratoria atlántica, “una de las rutas migratorias más mortíferas del mundo”. “Esas rutas y esos vientos han sido los mismos por los que han transitado cuerpos precarios a lo largo de los siglos, desde el inicio de la esclavitud subsahariana hasta nuestros días”, expuso.
La película juega además con una posibilidad “retrofuturista” donde el control del agua marca el destino de los habitantes. “Está ambientada en el pasado pero cambiando algunos elementos podría ser el futuro”, abundó, además de apuntar que el control de ese preciado bien “ha estado históricamente en manos privadas, porque había que generar galerías subterráneas para obtenerla, igual que sucede con el petroleo en el lejano Oeste”. “Para nosotros el océano es nuestro desierto”, apuntó Delgado, aludiendo a cómo se han servido de “lógicas del wéstern” en su relato.
Girón por su parte, aseguró en declaraciones recogidas por Ical que las relaciones asimétricas con el poder, así como la ‘invasión’ que se está viviendo en las islas en la actualidad con la turistificación sin freno, son cuestiones que “siempre estuvieron ahí, de fondo”. “Es muy interesante trabajar sobre el siglo XV y XVI porque ahí, tras el feudalismo, está el origen del capitalismo colonial, un sistema económico, social y cultural del que hoy día aún somos esclavos. El presente siempre está conectado con el pasado y ahí detectamos una tensión sobre la que nos interesaba indagar”, explicó.
Desde el mismo título del film, ‘Las islas afortunadas’ hacen visible con ironía su crítica a la precariedad que se vive hoy en las islas, “que se siguen vendiendo al turismo con ese eslogan, donde se ofrecen como un paraíso al resto de europeos”. Además, completó Delgado, querían dejar patente, a través de la relación de Fátima con el marqués, las complejas dinámicas relacionales que existen entre mujeres extranjeras cuidando de mayores europeos.
