Pasión silente y descalza en Villarrín de Campos (Zamora)

La procesión de la Carrera es una de las más singulares de la Semana Santa en pequeños municipios de la provincia

Lejos de la espectacularidad y la magnificencia de muchas pasiones célebres, la Semana Santa de Villarrín de Campos sigue la estela de la sobriedad que caracteriza las celebraciones en la provincia de Zamora y consigue que la religiosidad popular brille con fuerza desde una sencilla hilera de cofrades, que invita al recogimiento y a la penitencia desde su silencio, sus brazos cruzados y sus pies descalzos.

Con un escenario marcado en la lejanía por palomares, como hitos graves que sobresalen en las amplias llanuras de Tierra de Campos, el silencio, casi ominoso, manda en la procesión del Jueves Santo.

 

Eduardo Margareto / ICAL . Unos penitentes en la Procesión de La Carrera en Villarrín de Campos (Zamora), al fondo unos palomares.

 

Los cofrades, hombres y mujeres penitentes, salen de sus casas sin decir ni una sola palabra hasta el final de la procesión. Llevan los brazos cruzados, van descalzos y visten un sudario blanco de hilo, ‘la camisa’ -que llaman popularmente- con un rosario entrelazado en una mano y un cíngulo sencillo del que cuelga un pañuelo, también con el color de la pureza.

Después de la procesión del Domingo de Ramos, la población aguarda a la tarde del Jueves Santo para vivir el momento central de la Pasión, con la ‘Procesión de la Carrera’. El Viernes Santo, la Vera Cruz protagonizará las procesiones del Encuentro y del Santo Entierro y la Soledad, antes de culminar con el Encuentro, el Domingo de Resurrección.

 

 

Siglo XIV

La Cofradía de la Santa Vera Cruz, con sede canónica y social en la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, en Villarrín de campos, fue fundada oficialmente en 1945 y refundada en 1992, aunque sus orígenes, probablemente, se remontan al siglo XIV. “Se habla de las devociones al Cristo, aunque suele ser raro que haya datos suficientes para determinar con exactitud el origen. En su momento, probablemente, tuvo numerosos flagelantes, como revela la propia indumentaria de los cofrades”, precisa el historiador y archivero Florián Ferrero.

“La Semana Santa de Villarrín de Campos es una de las más hermosas de España, sobre todo, el Jueves Santo y el Viernes Santo”, anota.

Florián Ferrero apunta que, en la procesión de la Carrera, de forma semejante a lo que sucedía en lugares como Bercianos de Aliste y en procesiones de la capital zamorana, “antes se revisaba a los cofrades para comprobar que solo llevaban la mortaja, para pasar frío, literalmente, aunque esa costumbre se levantó”.

 

Trabajos previos

Ainhoa Aranguren es la alcaldesa de Villarrín de Campos, presidenta del Consejo de Alcaldes de Zamora y vinculada a la Cofradía desde hace siete años. Los días previos a la Semana Santa han sido frenéticos, entre otros motivos, para que todo estuviera a punto durante la Pasión de Villarrín.

“Hemos dejado preparadas las subvenciones que ha sacado la Diputación para que el arquitecto las pudiera poner en marcha y, luego, enviarlas. No teníamos a nadie trabajando y se juntaba todo. Echar herbicidas, segar los jardines… Ahí estamos, colaborando. La Alcaldía es un trabajo de 24 horas al día, los siete días de la semana, porque te pueden llamar a cualquier hora para todos los problemas que van surgiendo”, expone.

“Caminamos descalzos durante una hora, aproximadamente, por las calles del pueblo. Siempre se ha pasado una barredora por las calles por las que va la procesión. Es verdad que hay algún penitente que me dice que prefiere pisar como está ahora mismo que barrido porque siempre debe de quedar alguna piedrina”, señala.

 

 

La Cofradía cuenta con 75 miembros, aunque “participa el pueblo entero y viene mucha gente” de municipios del entorno y de fuera de Castilla y León, sobre todo, del País Vasco y de la Comunidad de Madrid, según señala el presidente de la Santa Vera Cruz, Roberto Ortiz Sáenz. “Hoy, vienen a vivir la Semana Santa desde Salamanca, Valladolid, Sevilla y hasta Barcelona”, enumera.

“En total, somos unas 400 personas en el pueblo. Es verdad que mucha gente mayor se marcha después de los Santos y vienen ahora y ya se quedan”, anota Ainhoa.

“Esa procesión empieza por la tarde, a las cinco y media. Se saca de la iglesia al Nazareno y va, prácticamente, por todo el pueblo. Hacemos una parada en la residencia de ancianos y el cura da una pequeña charla. Se reza un padrenuestro y, para la entrada, se hacen las reverencias con el pendón al Nazareno”, explica el presidente de la Cofradía.

“Primero va el pendón, el estandarte y, después del estandarte, el Cristo de la Vera Cruz. Hermanos mayores llevan los farolillos a cada lado del Cristo y, en fila, todos los cofrades”, describe la regidora.

“Cuando pasamos por la residencia, salen los usuarios, que les hace mucha ilusión. De ahí, nos vamos hacia la iglesia, llega el nazareno y nosotros, de frente, con el pendón, le hace las venias al nazareno y es muy bonito”, añade.

El desfile procesional de la Carrera dura algo más de una hora y, nada más terminar, en torno a las siete de la tarde, se celebra una eucaristía.

La Cofradía de la Santa Vera Cruz estuvo formada, inicialmente, solo por hombres, aunque hace “unas dos décadas, al menos”, que participan las mujeres, según puntualiza Roberto Ortiz.

 

A hombros

El Cristo de la Vera Cruz siempre se había llevado a hombros, con el denodado esfuerzo de cuatro cargadores y sus correspondientes relevos, pero la paulatina despoblación y el envejecimiento de los cofrades derivaron en la colocación de la imagen sobre una plataforma con ruedas, que “desmerecía” la tradición del desfile.

“Somos ya mayores. Yo tengo 76 años y la imagen se ha llevado con ruedas desde hace tiempo porque pesa la tira, aunque este año tenemos a bastante gente que se va a relevar para llevarla a hombros”, apunta el presidente.

“Este año, conseguimos que salga el Nazareno a hombros. Por desgracia, llevamos unos años que está saliendo en ruedas porque pesa mucho y cada vez hay menos gente que pueda con él. Este año, salió una iniciativa de una chica del pueblo, que ha estado reuniendo, a gente. Ya tiene un grupo para poder llevarlo a hombros, que es como hay que llevarlo”, dice Ainhoa..

“La verdad es que da pena verlo con las ruedas. Lo llevan cuatro personas. Hay que llevarlo equilibrado porque, si no, te machaca. Hay gente para que haya varios turnos porque el recorrido es más duro de lo que parece”, asegura.

“La imagen, quizá, no sea una de las piezas más destacadas de la Semana Santa por su mérito artístico pero es muy bonita y le tenemos mucha devoción. Hay un gran fervor popular. La procesión de la Carrera es la que más me gusta”, puntualiza Roberto Ortiz.

“La que más me llena es la nuestra, la de Jueves Santo, la de los penitentes. La verdad que estás todo el año esperando. Hace dos años, llovió muchísimo y, al final, decidimos que saliera el que quisiera hacerlo. Nos llevaron en coche hasta la iglesia pero hay que recordar que llevamos solo la camisa, la mortaja y, al mojarse, tu cuerpo se queda helado”, relata la regidora.

“Hicimos un recorrido por dentro de la iglesia y, al salir, una vecina mía me dijo que volviéramos andando. Fue mi peor recorrido, con lágrimas en los ojos por lo mal que se andaba”, recuerda.

 

 

Leyenda

El historiador Florián Ferrero alude a la leyenda de que el Cristo de los Afligidos, según la cual, la imagen “era muy fea pero una mujer rezó fervientemente y se produjo el milagro de que se llenara de hermosura”.

“La imagen del Cristo de los Afligidos ya existía en 1414 en el templo. Durante varias visitas eclesiásticas, se había mandado enterrar el Cristo, pero tras un ‘milagro’, el Cristo cambió su apariencia. Para conmemorar esta efeméride, se celebra la fiesta mayor el último domingo de septiembre. En el interior del templo se pueden observar doce tablas de influencia flamenca y borgoña del siglo XVI”, expone el profesor leonés Francisco Trancón, según recoge una página web dedicada a Villarrín de Campos.

“Los ingredientes de este insólito acontecimiento: imagen de una divinidad, devoción de un personaje humilde, falta de sensibilidad de ciertas autoridades eclesiásticas y desenlace del drama planteado: transformación de una escultura de madera poco agraciada en una figura casi perfecta de un Cristo crucificado”, agrega.

“Aquí hay mucha fe. El Cristo de los Afligidos suscita mucha devoción de la gente de Villarrín y de los pueblos de alrededor. La devoción al Cristo de los Afligidos mueve montañas”, rubrica la alcaldesa.

 

Fama

Como ocurre en muchos municipios que viven una Semana Santa sencilla pero que abogan por el desarrollo económico, los habitantes de Villarrín de Campos destacan las singularidades de su Pasión, al mismo tiempo que rechazan la masificación aunque, por el momento, la personalidad de sus desfiles procesionales suscita un interés “razonable” por parte de los foráneos. “Es que es una Semana Santa muy íntima”, recalca Roberto.

“Claro que nos gusta que haya visitantes y que conozcan nuestra Semana Santa. Nosotros lo único que pedimos es un poco de respeto y de educación, que no pasen entre nosotros. Vamos descalzos y suele haber bajas temperaturas. Mejor evitar sufrir un pisotón”, considera Ainhoa Aranguren.

“Salvo que haya una retransmisión televisiva nacional o una exposición internacional, no es tan fácil que una procesión suscite ese interés y se masifique”, comentó Florián Ferrero La Semana Santa de Malva también es preciosa, con gente voceando poemas de Lope de Vega, o la Pasión de Manganeses de Lampreana, con el ‘Stabat Mater’ de la noche del Viernes Santo, de Tábara o de Coomonte de la Vega, entre otras muchas. Si no hay un elemento que trascienda, suele lograr mantener su intimidad”.

Roberto, residente en Bilbao, trabajó toda su vida en el sector de la banca y lleva más de tres décadas en el cargo, a la espera de que surja un relevo que muestre el mismo interés y entusiasmo. “Cuesta que la gente joven se vincule. Hubo cierto interés de los miembros de una peña, con el antruejo. Los chavales que son del pueblo quieren que tire para arriba”, indica.

 

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