La soledad no deseada afecta al 16,3 por ciento de la población de Castilla y León, casi cuatro puntos menos que la media nacional (20,2 por ciento), según un estudio de Fundación ONCE y Fundación AXA. Los datos revelan una especial incidencia entre los jóvenes de 18 a 34 años, donde alcanza el 25 por ciento, y afecta también en mayor medida a las personas con dificultades económicas (26,3 por ciento) y a quienes viven solas (20,2 por ciento).
El informe señala además que el 18,8 por ciento de la población de Castilla y León tiene un problema de salud mental, diagnosticado o percibido, lo que confirma una estrecha relación entre ambas realidades: la soledad no deseada alcanza al 33,4 por ciento de las personas con problemas de salud mental, frente al 12,3 por ciento entre quienes no los presentan. El 38,5 por ciento de las personas que sufren soledad tiene así también un problema de salud mental, informa Ical.

En la presentación estuvieron presentes el delegado de ONCE Castilla y León, Ismael Pérez; el director general de Fundación AXA, Josep Alfonso; el vicepresidente de la Diputación de Valladolid, David Esteba; el concejal de Personas Mayores, Familia y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valladolid, Rodrigo Nieto; la gerente territorial de Servicios Sociales de Valladolid, María Ángeles Cantalapiedra, y el director de contenidos del Observatorio de la Soledad No Deseada-SoledadES de la Fundación ONCE, Juan Ignacio Vela.
La ciudadanía también ve la tendencia en aumento del fenómeno. Según los datos del estudio, el 84,7 por ciento considera que la salud mental ha empeorado y el 87,1 por ciento cree que la soledad ha aumentado. El estudio, realizado a partir de 400 entrevistas telefónicas a población desde los 18 años de Castilla y León también destaca que la soledad tiende a prolongarse en el tiempo. En este sentido, el 77 por ciento de quienes la experimentan lleva más de dos años en esta situación.
El análisis apunta a que la soledad no deseada y los problemas de salud mental no se distribuyen de manera homogénea entre la población, sino que presentan diferencias en función de la edad, los recursos económicos, la convivencia o la disponibilidad de redes de apoyo. En este sentido, también se pone de relieve las dificultades que existen para reconocer un problema de salud mental, comunicarlo al entorno y acceder a ayuda, especialmente cuando no existe un diagnóstico.
En el caso de la salud mental, el estudio distingue entre las personas que cuentan con un diagnóstico y aquellas que consideran que pueden tener un problema, aunque no hayan recibido una confirmación de un profesional. El 8,9 por ciento de la población declara tener un problema de salud mental diagnosticado, mientras que el 9,9 por ciento sospecha que puede padecerlo sin contar con un diagnóstico. Los problemas más frecuentes son la depresión (11,6 por ciento) y la ansiedad (9,5 por ciento).
La situación económica también se asocia a una mayor vulnerabilidad. Los datos muestran que, entre las personas que tienen dificultades para llegar a fin de mes, el 30 por ciento manifiesta problemas de salud mental, frente al 15 por ciento de quienes llegan con facilitad. Al mismo tiempo, la diferencia también se observa en la soledad no deseada, que afecta al 26,3 por ciento en el primer caso y al 12,9 por ciento en el segundo.
En cuanto a las redes de apoyo, el estudio también muestra unos resultados relevantes. Un 26,8 por ciento de quienes no disponen de una figura de apoyo tienen tendencia a la soledad no deseada, frente al 12,2 por ciento de quienes sí cuentan con algún apoyo. Sin embargo, la convivencia no elimina necesariamente el riesgo de sentirse solo. Es cierto que los datos muestran un porcentaje mayor entre quienes viven solos (20,2 por ciento), pero también afecta al 15,5 por ciento de aquellos que viven acompañados.
El estudio también recoge diferencias en función de la orientación sexual. Entre las personas LGTBI+, la prevalencia de la soledad no deseada se sitúa en el 44,1 por ciento, frente al 14,4 por ciento de las personas heterosexuales. Del mismo modo, también se registra una mayor incidencia entre las personas con discapacidad. En este grupo, la soledad no deseada alcanza el 23,3 por ciento, frente al 15,5 por ciento entre quienes no tienen discapacidad.
Una soledad que se prolonga en el tiempo
La duración de la soledad no deseada es otro de los aspectos importantes del informe. Entre las personas analizadas que sufren esta situación, el 77 por ciento lleva más de dos años en ella y el 54,2 por ciento afirma que se prolonga desde hace cinco años o más. La identificación temprana de situaciones de vulnerabilidad, el acompañamiento o la creación de oportunidades de relación pueden favorecer a que las personas recuperen o fortalezcan sus vínculos.
La relación entre la soledad y la salud mental se aprecia de manera visible entre quienes sospechan que tienen un problema psicológico, pero todavía no cuentan con un diagnóstico. En este grupo, el 40,2 por ciento experimenta soledad no deseada. Además, el 59 por ciento no recibe apoyo psicológico ni tratamiento farmacológico.
El informe también refleja el peso del estigma y de las barreras personales y sociales a la hora de hablar sobre la salud mental. El 79,3 por ciento de las personas encuestadas considera “bastante” o “muy difícil” reconocer ante otras personas que tiene un problema de salud mental. En esta misma línea, el 64,9 por ciento señala que resulta “difícil” identificar en uno mismo la existencia del problema.
El papel de las relaciones sociales y las redes de apoyo
La prevalencia de la soledad no deseada alcanza el 48,8 por ciento entre quienes nunca mantienen contacto con sus amistades y el 45,4 por ciento entre quienes nunca contactan con familiares cercanos, algo que pone de manifiesto la importancia de las relaciones familiares y de amistas.
Además, el estudio recoge la percepción de la población sobre la evolución de ambos fenómenos. El 84,7 por ciento considera que la salud mental empeoró y el 87,1 por ciento cree que la soledad no desea aumentó. También, el 72,1 por ciento consideró que existe una relación entre la soledad y la salud mental.
Las redes sociales y el entorno digital también aparecen en las respuestas del estudio. El 45,6 por ciento de las personas encuestadas considera que las redes sociales provocan más soledad, mientras que el 67,7 cree que empeoran la salud mental, aunque cabe destacar que son percepciones recogidas del estudio, no de una demostración de que el uso de las plataformas provoque estos efectos.
Fundación AXA y Fundación ONCE piden abordar conjuntamente ambos fenómenos
Durante la presentación del estudio, el director general de la Fundación AXA, Josep Alfonso, señaló que la soledad no deseada y la salud mental son dos desafíos que deben abordarse de forma conjunta. “La soledad nos preocupa como sociedad y como instituciones”, señaló, en una reflexión sobre la necesidad de prestar atención a dos fenómenos que, según apuntó, convergen y se refuerzan mutuamente.
Alfonso advirtió de que la mayor visibilidad del problema no elimina las dificultades para hablar abiertamente de estos problemas. “Hablar de salud mental es el primer paso, pero todavía existen estigmas y resistencias”, aseguró. En este sentido, defendió la necesidad de avanzar en la prevención, facilitar que las personas compartan sus experiencias y favorecer un mayor conocimiento social sobre la salud mental.
Por su parte, el director de contenido del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada de la Fundación OCE, Juan Ignacio Vela, insistió en que ambos problemas están estrechamente relacionados. “La soledad y la salud mental están vinculadas”, afirmó, al explicar que las dificultades de la salud mental pueden intensificar el aislamiento y que la falta de relaciones y apoyos puede agravar el malestar emocional.
Vela añadió que las respuestas al problema deben situar a las persona en el centro y tener en cuenta las circunstancias concretas de cada persona. El objetivo, explicó, es trasladar el conocimiento que aportan estudios como este a medidas efectivas y fortalecer los vínculos comunitarios.
El delegado de la ONCE en Castilla y León, Ismael Pérez, defendió que combatir la soledad no deseada implica estar cerca de las personas y contribuir a que se sientan acompañadas. En este sentido reivindicó el papel que pueden desempeñar entidades como la ONCE, en colaboración con las administraciones públicas y otras organizaciones sociales.
La Junta destaca el impacto en el medio rural y la colaboración con las entidades
La gerente territorial de Servicio Sociales de Valladolid. María Ángeles Cantalapiedra, señaló que la Junta de Castilla y León considera la soledad un problema de especial relevancia, sobre todo en las zonas rurales. En este sentido, explicó que la dispersión territorial y la menor disponibilidad de determinados recursos pueden complicar el mantenimiento de las relaciones cotidianas y la detección de situaciones de aislamiento. “Es fundamental detectar los casos, valorar individualmente cada situación y ofrecer los recursos adecuados, respetando siempre a las personas”, explicó.
Cantalapiedra recordó que la Junta puso en marcha en 2022 un plan contra la soledad no deseada y el aislamiento social. En este marco, también recordó la creación, en 2023, de la denominada red amiga, que actualmente integra a 30 entidades, entre ellas la ONCE, organismos públicos y entidades del tercer sector. “La red amiga permite sumar esfuerzos para hacer frente a la soledad no deseada», señaló, al destacar la importancia de la cooperación entre los distintos agentes que trabajan sobre el terreno.
También aprovechó su intervención para recordar que “la coordinación es imprescindible para detectar las necesidades y conseguir que las personas puedan acceder a los apoyos que necesitan”.
Valladolid apuesta por la prevención y la intervención comunitaria
El concejal de Personas Mayores, Familia y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valladolid, Rodrigo Nieto reconoció que “este tipo de estudios nos ayuda a situar el problema y dar contexto a las medidas que estamos desarrollando”.
En este sentido, defendió un cambio de enfoque que permita actuar antes de que el aislamiento se mayor. “Tenemos que avanzar hacia un modelo preventivo y comunitario, que no se limite a intervenir cuando el problema ya está consolidado”, planteó. Para ello, consideró necesario combinar la detección de situaciones de riesgo con el fortalecimiento de las relaciones sociales y la colaboración entre administraciones y entidades. Entre las iniciativas municipales recordó el proyecto pérgola, que utiliza inteligencia artificial para detectar situaciones de soledad entre las personas mayores.
