Salud Pública estudia cada año unas 2.000 garrapatas para vigilar las enfermedades que transmiten

La ausencia de heladas en invierno y el aumento de la fauna silvestre provocan un aumento de ejemplares en la Comunidad

El Servicio de Alertas y Respuesta Rápida, departamento dependiente de la Dirección de Salud Pública de Castilla y León, estudia cada año alrededor de 2.000 garrapatas retiradas de personas para conocer qué especies están detrás de las picaduras y qué patógenos pueden transmitir. Este sistema de vigilancia epidemiológica ha convertido a la región en una de las comunidades con mayor capacidad para detectar enfermedades asociadas a estos artrópodos y seguir su evolución.

Las condiciones ambientales de los últimos años en las nueve provincias, con inviernos con menos heladas y temperaturas suaves, favorecen cada vez más su presencia. Aunque en la región no se habla de plaga, sí se ha detectado un aumento del número de ejemplares este año. El pasado mes de junio el Ayuntamiento de Duruelo de la Sierra, en Soria, cerró sus piscinas municipales, un día después de su apertura, para fumigar debido a la presencia de garrapatas, según fuentes consultadas por Ical.

La alcaldesa de la localidad, Cristina Rubio, negó, no obstante, que fuera por esta circunstancia, y agrego que se fumigó por precaución porque se habían reportado picaduras en la zona. “Las piscinas están muy cerca de un monte. Para prevenir se fumigó porque mi obligación es proporcionar un entorno seguro. También hemos segado el césped para que esté más bajo como medida de seguridad. Cuando vinieron a fumigar no detectaron garrapatas”, aseguró.

La Dirección General de Salud Pública de la Junta confirmó ayer un caso de Fiebre Hemorrágica de Crimea-Congo por una picadura de garrapata en la provincia de Salamanca. El afectado falleció ese mismo día. Con este caso van dos en la Comunidad en lo que va año. El seguimiento que se realiza a esta enfermedad desde 2016 ha permitido confirmar que 16 de los 22 casos de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo diagnosticados en España se notificaron en Castilla y León.

A pesar de la concentración de casos, el jefe del Servicio de Alertas y Respuesta Rápida, Rufino Álamo Sanz, aclaró que ese dato no implica necesariamente una mayor circulación del virus en la Comunidad, sino que responde a una estrategia de búsqueda activa. «Hasta que no te pones a buscar no encuentras nada», resumió.

El paciente salmantino de 84 años de edad, el último en la región en contraer la enfermedad, no reunía inicialmente todos los criterios clínicos habituales para sospechar que la portaba, según el técnico, pero el antecedente de una picadura de garrapata y la zona donde se había producido llevaron a los profesionales sanitarios a solicitar la prueba diagnóstica, que finalmente confirmó la infección. «Aquí se hacen estudios que probablemente en otros sitios no se realizan», apuntó.

Aunque la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo concentra la mayor atención por su gravedad, no es la enfermedad transmitida por garrapatas más frecuente en Castilla y León. Durante 2024 la Comunidad notificó 20 casos de enfermedad de Lyme, doce en hombres y ocho en mujeres, con Burgos como la provincia con mayor incidencia, al registrar ocho diagnósticos. Ese mismo año también se confirmaron 18 casos de fiebre botonosa mediterránea, diez en mujeres y ocho en hombres, con Valladolid, con siete casos, y Ávila, con cuatro, como las provincias con mayor número de afectados. La fiebre recurrente transmitida por garrapatas blandas registró un único caso, localizado en Salamanca.

Álamo explicó que el análisis de esas 2.000 muestras anuales no solo permite conocer qué especies son las que pican con mayor frecuencia a las personas, sino también determinar la prevalencia de los distintos patógenos que portan. “Esa información resulta fundamental para anticiparse a posibles cambios epidemiológicos y orientar tanto la vigilancia sanitaria como las recomendaciones preventivas”, recalcó.

 

Aumento de garrapatas

El aumento de los ejemplares de garrapatas responde, además, a una combinación de factores ambientales, ya que “los inviernos más suaves reducen la mortalidad que antes provocaban las heladas, mientras que el incremento de la fauna silvestre proporciona más hospedadores para completar su ciclo biológico”. «Las condiciones ambientales son especialmente propicias para que las garrapatas se estén multiplicando y, si además nos adentramos en esos entornos sin adoptar precauciones, la exposición está prácticamente asegurada», advirtió.

El jefe del Servicio de Alertas y Respuesta Rápida de Castilla y León detalló que las garrapatas llevan millones de años adaptándose a los cambios del medio. Son ciegas, pero localizan a sus hospedadores gracias al calor corporal, el dióxido de carbono que desprenden al respirar y las vibraciones. “Una sola hembra puede llegar a poner hasta 7.000 huevos y completar un ciclo biológico que, en condiciones favorables, puede acortarse de dos años a apenas uno”.

Asimismo, insistió en la necesidad de no alarmarse, ya que la mayoría de las garrapatas no portan microorganismos capaces de provocar enfermedades y la mayor parte de las picaduras no deriva en una infección. “Se recomienda utilizar ropa que cubra la piel durante las salidas al campo, caminar por el centro de los senderos, revisar el cuerpo al regresar y retirar cuanto antes cualquier ejemplar adherido”.

La expansión no solo se aprecia en el número de ejemplares, sino también en su distribución y algunas especies han comenzado a colonizar zonas donde hace apenas unos años resultaban poco habituales. Es el caso de áreas de montaña, donde las bajas temperaturas limitaban tradicionalmente su presencia, o de determinados espacios en los que el cambio de las condiciones ambientales ha favorecido la llegada de especies adaptadas a otros hábitats.

Los estudios realizados durante dos años por la Consejería de Sanidad en parques urbanos de las nueve capitales de provincia y otros grandes núcleos de población detectaron una presencia baja de garrapatas, aunque confirmaron que también pueden encontrarse en estos espacios. “Si las condiciones ambientales continúan siendo favorables, es probable que su presencia aumente también en las zonas periurbanas”, apostilló.

 

Recomendaciones

Pese al aumento de ejemplares, Salud Pública insiste en que el mensaje debe ser de prevención y no de alarma. «Siempre debemos ocuparnos, no preocuparnos», resumió Álamo, que recordó que la principal recomendación pasa por utilizar ropa que dificulte el acceso de las garrapatas a la piel, introducir los bajos del pantalón dentro de los calcetines, caminar por el centro de los senderos y evitar tumbarse sobre la hierba en zonas de riesgo.

Al regresar del campo resulta aconsejable, concluye, revisar todo el cuerpo y ducharse para eliminar aquellas que todavía no se hayan fijado. “Si alguna permanece adherida a la piel, debe retirarse lo antes posible, preferiblemente en un centro sanitario o utilizando pinzas de punta fina, ya que una extracción precoz reduce el riesgo de transmisión de patógenos”, concluyó.

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