Una treintena de artistas, nacionales e internacionales, reflexionan y cuestionan el amor en la era de las redes sociales, la posverdad y el capitalismo cultural a través de 60 obras, de diferente formato, instaladas por el Servicio de Actividades Culturales de la Universidad de Salamanca en la sala de exposiciones de la Hospedería Fonseca. Se trata de la exposición colectiva titulada ‘Amor [no] Nos Destruirá’ que, según reconoció el rector, Juan Manuel Corchado, es “uno de los proyectos más ambiciosos del año”.
La hipótesis que se defiende en esta exposición, que reúne más de 60 obras sobre todo tipo de soportes, es que “el amor, en todas sus formas, trasciende el ámbito de lo emocional para convertirse en un poderoso dispositivo de reflexión en torno al presente y el arte se convierte en el lenguaje privilegiado para expresar aquello que las palabras, por sí solas, no son capaces de decir”.

Todo ello enmarcado en el V Centenario de la Escuela de Salamanca, según matizó el rector, quien especificó que el equipo de Servicios Culturales “se ha metido en la piel de los humanistas” para demostrar cómo “el amor también está relacionado con la política o el derecho de gentes”. “Aquí se habla de tolerancia, de sentimientos y de cómo el amor también está en el origen de nuestra creatividad”, añadió Corchado, quien anunció que, de forma paralela también habrá actividades escénicas y musicales en el Teatro Juan del Enzina relacionadas con la exposición
Por su parte, el director del Servicio de Actividades Culturales de la Usal, Javier Panera, explicó que la muestra toma su título de una célebre canción de Joy Division editada en 1980, ‘El amor nos destruirá’, a la que quisieron “meter un no de por medio” para desvirtuar el final de aquella composición, pues División se suicidó “a los dos días”. “Aquí estamos explorando el amor y el deseo como conflicto y vía de escape en un tiempo en que la polarización ideológica y las prácticas mercantiles neoliberales han transformado las formas en que interactuamos afectivamente”, reflexionó Panera.

En la era de las “intimidades congeladas”, prosiguió Panera citando a Eva Illouz), se perfila una suerte de “capitalismo emocional” que, por una parte, “ha contribuido a la disolución de la imagen de la pareja tradicional y de los tabúes y prejuicios heteronormativos en torno al género y la sexualidad” pero, por otra, “promueve que las relaciones amorosas se definan, cada vez más, por modelos de negociación, intercambio y consumo voraz, predeterminados por los algoritmos, las redes sociales y las fuerzas del mercado”.
En un contexto marcado por “la fragmentación social, la hostilidad y la extrema polarización ideológica,” el amor emerge como un “acto de resistencia” capaz de poner en evidencia conflictos, donde “lo personal es político”, pero también como “una fuerza creativa, capaz de crear espacios de diálogo y entendimiento”.

Panera hizo ver que el amor en las artes ha pasado de las representaciones románticas “más o menos arquetípicas”, a cuestionamientos y deconstrucciones de las narrativas tradicionales, abordando temas como la ambigüedad, la fluidez, la mercantilización, la manipulación o la diversidad sexual. “Como lugar de encuentro, el amor nos sitúa en un territorio compartido donde las diferencias no se anulan, sino que se integran, contribuyendo a la construcción de una realidad plural y verdaderamente humana”, matizó.
En definitiva, según Javier Panera, en la era de la “circulación promiscua de la información”, las artes se han convertido en “un extraordinario laboratorio donde el amor, y en ocasiones las emociones extremas, no son solo un sentimiento privado, sino también una fuerza política”.

Los creadores actuales, en su opinión, “deconstruyen las representaciones idealizadas del amor y las subvierten”, de modo que “la vivencia afectiva se convierte en una experiencia fragmentada, ambigua y multifacética, rompiendo con aquellas visiones legitimadas a través de la literatura, el cine, la música o las artes visuales del pasado, para arribar a otros territorios donde el acto de amar sigue siendo una aventura en la que merece la pena embarcarse”.
