Mangueras, bombas de achique y diversos patos se erigen como los protagonistas de una jornada complicada en la localidad vallisoletana de Tudela de Duero, donde el río que da nombre al municipio ha llegado a subir hasta cuatro metros y medio por encima de su nivel habitual y afectado a negocios, cocheras, bajos y diversos edificios cercanos a su cauce.
Es el caso de Jesús, dueño de un negocio que ha tenido que cerrar debido a una pequeña entrada de agua en el sótano. Un privilegiado en comparación con otros vecinos afectados del municipio, aunque ha tenido que subir a la planta superior todos los productos y material para evitar su deterioro. Aun así, reconoce que el agua no ha invadido la calle, dado que la entrada en su local se ha producido a través de filtraciones.

La misma fórmula repite Lucilo, aunque su situación es bastante más complicada, al atender a la Agencia Ical en chanclas y con los pantalones remangados. Su vivienda unifamiliar se encuentra ubicada de manera paralela al Duero, por lo que el agua ha anegado las estancias inferiores. Una especie de almacén donde se guardan ‘trastos’ y ejerce, al mismo tiempo, de despensa.
El agua llegó a unos 40 centímetros, menos de lo esperado, pero más que suficiente para echar a perder todo aquello que no dio tiempo a poner a salvo, como es el caso de varios cuadros que muestra empapados. Aun así, aclara que el agua también ha comenzado a entrar a través de filtraciones, al apreciarse la salida de burbujas de muchas de la baldosas.
“La cosa podría ser peor, pero la ventana está aguantando”. Y es que, la masa de agua es visible a través de los cristales del sótano, siendo la única barrera de protección, lo que da a entender el nivel del río, que ronda una subida de cuatro metros y medio por encima de lo habitual, señala el alcalde de Tudela, Óscar Rodríguez, quien afirma tener “ilusión” de que, pese a todo, la situación se estabilice, porque las previsiones remitidas desde la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) ofrecen algo de “tranquilidad”, con una bajada paulatina del nivel.

El regidor asegura que tienen que ser valorados los daños, pero augura gran número en viviendas, garajes y edificios, con fallos también en el sistema eléctrico. No obstante, deja claro que la atención principal está centrada en los vecinos con el objetivo de recuperar, poco a poco la normalidad, pero siempre “primando su seguridad”.
Sin pegar ojo se encuentra María, que calza botas de goma a las puertas de una cochera comunitaria totalmente anegada. Está pendiente de dos bombas propias que ayudan a achicar la ingente cantidad de agua, pero se trata de un parche para poder aguantar, porque tras la pared del edificio se halla un mar de agua dulce que sigue entrando, poco a poco, a través del suelo. “Ayer tuvimos un día de locos”, aclara, mientras remarcar que su único objetivo es que el agua no llega a la planta superior y afecte a las viviendas.
Lamenta las pocas ayudas recibidas. “En la jornada de ayer estuvieron los bomberos dos horas con sus bombas y se estabilizó el nivel, pero en el momento en el que se fueron a otro punto, todo lo ganado fue en balde”, subraya. Muy críticos se mostraron varios vecinos de de un bloque de viviendas afectado, quienes declinaron realizar declaraciones, aunque apuntaron sentirse “solos y abandonados desde el primer minuto”.
A ese respecto, el alcalde negó que se haya producido ese abandono, pero remarcó que las indicaciones hacen necesario que dicho nivel disminuya, porque en la mayoría de casos la entrada de agua se debe a filtraciones, mientras que los mejor parados es gracias a que los edificios cuentan con una válvula de no retorno, lo que ha impedido que entre tanto agua.
Aun así, Óscar Rodríguez explica que cuando los niveles se igualan, el agua “acaba entrando de una u otra forma”. “Entiendo su nerviosismo y que estén intranquilos, pero la mayoría de vecinos son comprensibles y entienden la situación”, apostilla a Ical.
