La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé que las temperaturas en primavera en Castilla y León estén por encima de lo normal, y establece que esto suceda en un 60 por ciento. Sin embargo, en lo que respecta a las precipitaciones existe una “gran incertidumbre y no se puede establecer una tendencia clara”
El delegado de la Aemet en Castilla y León, Manuel Mora, señaló que aún es demasiado pronto para realizar un pronóstico fiable del tiempo que se registrará en Semana Santa, ya que faltan 18 días y los modelos meteorológicos todavía no ofrecen señales claras.
Además, destacó la importancia de los sistemas de observación meteorológica para mejorar la capacidad de predicción. En este sentido anunció que el nuevo radar meteorológico de Guadramiro se encuentra ya en fase de pruebas y permitirá mejorar la vigilancia de las precipitaciones en el suroeste de la Comunidad con imágenes cada cinco minutos y mayor resolución.
Manuel Mora presentó hoy el balance climático del invierno en y la previsión para la próxima primavera en Castilla y León. Respecto, al invierno meteorológico señaló que ha sido “muy cálido y muy húmedo” con temperaturas por encima de lo habitual y precipitaciones muy superiores a la media.
El acto fue abierto por el subdelegado del Gobierno, Jacinto Canales, quien subrayó que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes y más intensos. En su intervención advirtió de que el cambio climático ya es una realidad que afecta directamente a la seguridad, la salud y la economía.
Canales recordó episodios recientes como incendios forestales de sexta generación, fuertes nevadas o tormentas intensas de lluvia y granizo que han provocado desbordamientos de ríos en varios puntos de la provincia. Entre ellos citó las inundaciones registradas hace pocas semanas en localidades como Rábano, Peñafiel, Tudela de Duero o Puente Duero.
“El cambio climático y sus efectos son una realidad y su negación es una grave irresponsabilidad que pone en peligro vidas humanas”, afirmó el subdelegado del Gobierno, quien insistió en que las evidencias científicas sobre el calentamiento global son “rotundas”.
Durante su intervención, también hizo referencia a un estudio liderado por la Universidad de Valladolid y la Aemet, publicado recientemente en la revista ‘Nature Communications’. Este trabajo advierte de que los fenómenos meteorológicos extremos en la región mediterránea podrían volverse más peligrosos a medida que avance el calentamiento global, con tormentas más intensas y complejas.
Según Canales, estos estudios ponen de manifiesto la necesidad de invertir más recursos en investigación climática, mejorar los sistemas de predicción y adaptar la planificación urbana para hacer frente a riesgos hidrometeorológicos cada vez mayores.
Como ejemplo mencionó las inundaciones registradas en la urbanización Aldeamayor Golf, construida sobre antiguos terrenos salinos con un nivel freático elevado. En episodios prolongados de lluvia, explicó, el agua puede llegar a salir por las propias redes de saneamiento e inundar calles y viviendas.
Balance del invierno
Tras esto, el delegado territorial de Aemet, detalló los principales datos del invierno meteorológico, que abarca los meses de diciembre, enero y febrero. Según explicó, la temperatura media de Castilla y León se situó aproximadamente en un grado por encima del valor de referencia del periodo 1991-2020.
El aumento se notó especialmente en las temperaturas mínimas, que estuvieron 1.7 grados por encima de lo habitual. Como consecuencia, el número de días de helada se redujo notablemente puesto que de los 51 días que suelen registrarse en invierno se pasó a solo 31.
Entre los valores extremos registrados destacan los 25.2 grados alcanzados en Miranda de Ebro (Burgos) el 23 de febrero y la mínima de -10.3 grados registrada en Cuellar (Segovia) el 6 de enero.
El invierno también ha destacado por las abundantes precipitaciones. En promedio, se recogió un 51 por ciento más de lluvia de lo habitual. Mientras que el valor normal es de unos 28 días de precipitación durante el invierno, este año se registraron alrededor de 50.
Además, se duplicó prácticamente el número de días con nieve. En toda la comunidad se contabilizaron diez jornadas de nevadas, frente a las cinco que suelen registrarse de media.
Gran parte de estas precipitaciones se concentraron entre mediados de enero y mediados de febrero, un periodo en el que se sucedieron numerosas borrascas atlánticas. Durante ese tiempo se nombraron trece borrascas de gran impacto, nueve de las cuales afectaron directamente a Castilla y León.
Este episodio también provocó un notable déficit de horas de sol. En ciudades como Valladolid se registraron alrededor de 184 horas de insolación durante el invierno, muy por debajo de las más de 350 que suelen alcanzarse en condiciones normales.
Pese a este invierno especialmente húmedo, Mora señaló que no se observa una “tendencia clara” en las precipitaciones a largo plazo, a diferencia de lo que ocurre con las temperaturas, que muestran un aumento sostenido en las últimas décadas. De hecho, los últimos ocho inviernos en la comunidad han registrado anomalías térmicas positivas. El de este año se sitúa como el décimo más cálido desde 1961.
